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ISSN 1989-4163

NUMERO 124 - VERANO 2021

 

La Hora del Minotauro del Aire

Ramón Asquerino

(Vasili Grossman: Stalingrado)
A Ariadna, en la ciénaga de los besos ciegos

«Contra aquellos muslos silentes,
contra la cintura encallada
te estrellas, un escollo estrecho de mareas,
un amanecer sin albas,
un miedo lento, de pisada de felino,
como su cuerpo, tan ágil como un silencio
en la ciénaga de los besos ciegos»
Deshabitado de ti mismo

*

Cuando llegue la hora del minotauro del aire,
sin un Teseo desagradecido
ni la Ariadna desbesada
que te alcance un hilo,
sin el soplo de Ícaro
relumbra en vano—,
ni el perdido Dédalo
rodeado en su laberinto de alas;
tras el bufido negro
del minotauro del aire,
me encontraréis,
fiel, sucia de besos y arena,
congestionada por las prisas de los besos,
por la ansiedad incolora del calendario
bajo ese miedo que se agazapa
entre sus números como una lotería de venenos.

Seré arropada
por la multitud suicida del pánico,
en mitad de este dolor de virus y paro,
muerte y desolación,
negra doble,
sin más salida que el hambre y las sábanas,
sucias.

Ahora, frío, violento paisaje,
contra las paredes de su laberinto,
comiendo vivos, como devoran la pandemia
y el hambre sin más gasto
que el silencio de los bolsillos vacíos,
el minotauro del aire muge
negra doble sobre dolor y muerte.

Habrá que rezar los mitos y la Metamorfosis en voz alta,
habrá que releer el Libro de los seres imaginarios de Borges,
apiadarse del frío bajo cero que granizó entre las almas
de Vasili Grossman en Stalingrado y Vida y destino:
«dame la mano para entrar en la nieve»,
Antonio Gamoneda, con tu Libro del frío
regresar al Inferno de: «no era allí ni de día ni de noche».
Habrá que invocarlos para encomendarse a ellos.

Cuando llegue la hora del minotauro del aire,
Góngora, Lorca, Ovidio,
Borges, Grossman,Gamoneda y Dante,
que los libros nos cojan confesados
y podamos recitar de memoria
las páginas por la lluvia encendidas,
la muerte apagada,
derrotadas las colas del paro,
y los hospitales ya vacíos.

La hora del minotauro del aire,
que nos coja leídos.
Y a ti, Ariadna,
en la ciénaga de los besos ciegos,
que te alcancen otra vez los labios.

*

«[oro bruñido al sol] relumbra en vano»: Góngora, “Mientras por competir con tu cabello”: Sonetos
«sucia de besos y arena»: Federico García Lorca,“La casada infiel”:Primer romancero gitano
«dame la mano para entrar en la nieve»: Antonio Gamoneda, [“Sábana negra en la misericordia”]: Libro del frío
«no era allí ni de día ni de noche»:Dante,Inferno XXXIv.10: Comedia (traducción, Luis Martínez de Merlo)

 

 

 


 

 

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